A principios de este año el cocinero catalán Sergi Arola (Barcelona, 1968) salió del hospital de la Moraleja con aspecto desaliñado. Diferentes medios se hicieron eco de sus problemas personales y con hacienda para especular sobre su salud. “Total porque un día fui al hospital sin peinarme. Recomiendo no hacerlo”, recuerda socarrón. A Arola se le ve feliz, lozano, con las pintas rockero de siempre y la mirada del corredor de fondo. El cocinero catalán ha pasado por mucho. Y es consciente de que todavía tiene mucho recorrido por delante. Aquel pupilo de Ferrán Adrià, que llegó a ostentar dos estrellas Michelin y se desvinculó de su último proyecto en la capital en septiembre de 2016 regresa a los fogones de Madrid como asesor gastronómico del restaurante ubicado dentro de la sala V de Vegas (Caunedo, 4).

Arola deslumbró a la capital con la apertura de La Broche en 1997 y rápidamente hizo la mudanza en moto desde Barcelona. “La cargué hasta arriba y me vine”, recuerda. En este local gestó sus icónicas patatas bravas en forma de cubos –copiadas hasta la saciedad- y cosechó dos estrellas Michelin hasta que 2008, cuando se desvinculó del proyecto. Pequeños bocados, desenfadados y divertidos con los que se trasladó seguidamente a Arola Gastro, local ubicado en la calle Zurbano, con el que también consiguió dos macarrones en la prestigiosa guía francesa.

Tras clausurar el local en septiembre de 2016 debido a sus problemas con hacienda – el chef llegó a reconocer que era “muy mal empresario”- Arola se ha ido sumando a numerosos proyectos, incluida su participación como juez en la edición de MasterChef chilena, reconduciendo su carrera y su imagen, que parecía tocar fondo cuando salía del hospital a principios de año. Entre otros proyectos, Arola gestiona Lab by Arola, su espacio de alta cocina en un hotel de Sintra (Portugal), en ya ha conseguido una estrella Michelin –“mi único compromiso con este tipo de cocina”- colabora con un local de Santander desde este verano y desde este mes como asesor gastronómico de restaurante situado dentro de la sala V de Vegas, una sala de fiestas multiespacio que cuenta con actuaciones de estilo circense y vodevil y con una carta que incluyen las famosas patatas bravas de Arola, su Bomba Barceloneta, el bocata de calamares con pan de tinta, sus alitas fritas con salsa kimchi y cebolleta tierna, además de carnes, arroces y pescados. El precio medio del ticket es de 45 euros por persona.

“He recuperado el espíritu del 97. Lo recuperé primero en el restaurante Cormorán en Santander y ahora aquí. Una manera de entender la cocina con elaboraciones divertidas, para compartir y que en aquel momento fue novedosa”, señala el cocinero. En aquel pequeño restaurante se dedicaban a servir esa cocina de “pica, pica, sin ningún tipo de pretensiones más allá de que el cliente se lo pasara bien”. El cocinero señala que este proyecto estaba en marcha pero “no acababan de encontrar la fórmula para el espacio”. La cocina de Arola estará disponible de martes a sábado para cenas hasta la 01.30 por un precio aproximado de 45 euros por persona, aunque hasta las 03.00 se podrá disfrutar de una carta más corta para picar. “La idea es que la gente pueda venir después del cine o el teatro sin agobios”, afirma el chef.

La sala estará decorada con los vinilos de música favoritos de Arola: “Grateful Dead, los Ramones, Quicksilver Messenger Service… y más adelante acondicionarán la terraza “donde está el verdadero potencial”, y al que trasladarán la cocina para convertirse en “la gran novedad madrileña de 2019”, según Arola. Debido a que hay zonas de juego el acceso al local solo será para mayores de edad y será imprescindible presentar el DNI en la puerta. 

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