Nueva Zelanda es el país en el que más helado se consume per cápita, 28,4 litros anuales, cinco veces más que en España (6,5 litros) e Italia, según la Asociación Internacional de Productos Lácteos. Los mediterráneos pierden también ante los escandinavos: en Suecia se toman 14,2 litros.

No es una cuestión de calorías. Entre las 70 kilocalorías de un polo y las 250 de un helado de crema —entre 60 y 120 más si lleva cobertura de chocolate— la variedad es amplia. La clave reside en la estacionalidad. Mientras que el gélido manjar se degusta todo el año en los países nórdicos, en el sur se asocia mayoritariamente con el verano, según lamentan las asociaciones de heladeros. “Disfrútalos todos los días del año” es precisamente el lema de la Asociación Española de Fabricantes de Helados.

En un mercado donde los datos no siempre coinciden —no todas las estadísticas incluyen los seis tipos de helado regulados en España por Real Decreto, incluidos sorbetes y polos, en función de la leche, grasa y fruta que contengan—, Francia con el 13,3% y Alemania con un 12,3% lideran las exportaciones, aunque Asia no deja de crecer: en los últimos cinco años, Emiratos Árabes Unidos ha aumentado sus ventas al exterior en un 136,3% y China, un 76,7%.

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